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El PCM y la unidad de los partidos socialistas (1979)

En los últimos meses se ha realizado un acercamiento muy importante de las posiciones políticas y la unidad en la acción de cinco organizaciones de la izquierda: el Partido Comunista Mexicano, el Partido Mexicano de los Trabajadores, el Partido Popular Socialista Mayoritario, el Partido Socialista Revolucionario y el núcleo dirigente de la Tendencia Democrática del SUTERM.

El 19 de enero de 1977 estas organizaciones aprobaron un documento donde expresan sus coincidencias políticas y su actitud frente a la situación nacional, y el 6 de marzo realizaron un mitin conjunto que tuvo amplia repercusión en los medios políticos.

 

Arnoldo Martínez Verdugo en mitín en Orizaba, Veracruz.

Arnoldo Martínez Verdugo en mitín en Orizaba, Veracruz. Imagen: Fototeca CEMOS, 1982 (Rodrigo Flores).

 

 

En las últimas semanas tomó cuerpo la idea de examinar las posibilidades de emprender un trabajo de unificación orgánica de estas organizaciones en uno o en dos partidos. La Comisión Ejecutiva consideró necesario participar en la discusión de este problema con los representantes de las otras organizaciones, y en la reunión del 15 de marzo se resolvió llevar el examen de este asunto a los comités centrales de los diversos partidos con el objeto de que fijaran su posición ante tan importante cuestión.

Considerarnos que la tendencia a la unidad es un resultado natural de la comprensión de la gravedad de la crisis en que se encuentra el país y de la necesidad de que las fuerzas democráticas y partidarias del socialismo eleven su influencia entre la clase obrera y los demás trabajadores, constituyan los instrumentos más idóneos para la movilización popular e intervengan con mayor eficacia en la vida política nacional.

Esa tendencia se expresa en la acción determinada y consciente de las fuerzas unitarias ante la presión del imperialismo, especialmente del Fondo Monetario Internacional, para importar una política económica contraria a los intereses populares y nacionales, y la influencia cada vez mayor de los círculos reaccionarios de la oligarquía sobre la política del gobierno.

En la discusión los representantes de nuestro partido arrancaron de la idea de que existen bases objetivas para que se examine seriamente la posibilidad de unificar las fuerzas de las cinco organizaciones. Todas ellas se esfuerzan por representar los intereses de la clase obrera y de otras clases explotadas por el capitalismo; defienden una política básicamente revolucionaria y sostienen, explícita o implícitamente, una perspectiva socialista. Al mismo tiempo, existen entre ellas algunas diferencias tácticas y de enfoque de la situación nacional, y seguramente hay todavía aspectos de la teoría —que aún no han sido discutidos— en los que pueden presentarse divergencias. Estos aspectos son relativamente secundarios mientras se trata de establecer la unidad de acción, pero adquieren relevancia cuando se aborda la unificación en un solo partido.

Por eso nosotros consideramos que la cuestión de la unidad orgánica debe ser examinada con la máxima seriedad, sin precipitaciones de ningún género, con el rigor que se exige de organizaciones que tienen una responsabilidad claramente definida ante el movimiento revolucionario.

Carecen de fundamento ciertas especulaciones que se hacen en la prensa nacional en torno a una solución precipitada, urgida por no se sabe qué presiones, de una cuestión tan difícil y de tal magnitud.

Cualquier determinación acerca de la unidad orgánica debe ser resultado de un proceso maduro, y no producto de la improvisación. El movimiento revolucionario mexicano dispone de experiencia suficiente acerca de conglomerados políticos surgidos al vapor y que se han desintegrado al menor conflicto interno o bajo el influjo de presiones externas, principalmente de la burguesía gobernante. Y aunque en toda organización pueden surgir, y surgen a veces inevitablemente, crisis de diverso tipo, el deber de los dirigentes responsables consiste en avanzar con firmeza sobre bases sólidas que garanticen una integración natural de fuerzas que tienen distintos orígenes y formación ideológica y política diversa.

En el proceso unitario tampoco deben ocupar el primer lugar determinadas urgencias políticas, coma las que surgen del calendario electoral. Es legítimo abordar con toda oportunidad la participación unificada de la izquierda en las elecciones federales próximas y dale una solución colectiva al problema del registro electoral de los partidos de izquierda. Pero la integración, de un solo partido debe verse con mayor profundidad, como el resultado de una comunidad de ideas en torno a los problemas fundamentales de la teoría, de la estrategia y la táctica políticas, y de la concepción del partido apto para la transformación revolucionaria.

Cualesquiera que sean las conclusiones a que finalmente se arribe, la Comisión Ejecutiva del Comité Central considera que el inicio de una discusión en torno a este conjunto de problemas traerá resultados benéficos para el movimiento revolucionario de nuestro país.

 

El carácter del partido

 

Al abordar la propuesta de unidad orgánica en un solo partido hemos planteado claramente que la cuestión debe ser enfocada sobre una base rigurosa y precisa, definiendo claramente el tipo de partido que se trata de crear, sus fundamentos teóricos e ideológicos, sus concepciones programáticas y tácticas, y sus bases organizativas.

En este asunto no debe tener cabida ninguna clase de indefinición o eclecticismo. La causa del fracaso de los intentos que se hicieron en el pasado para integrar formaciones políticas nuevas, pretendiendo superar el partido de la clase obrera, residían, entre otras cosas, en la ambigüedad ideológica y la indefinición de los fundamentos teóricos y los principios organizativos en que deberían sustentarse. Por eso consideramos indispensable que cualquier discusión sobre la unidad parta de concepciones claras, que no dejen nada pendiente.

Entre nosotros no hay duda de que un partido en el que se fusionara el Partido Comunista Mexicano debería ser, por su. naturaleza de clase, un partido que expresara los objetivos históricos, los intereses, las concepciones y las formas de hacer política de la clase obrera. Esto debido a nuestra concepción de que la clase obrera es la única clase consecuentemente revolucionaria de la sociedad actual, la que puede atraer a su lado a las clases y capas trabajadoras, y asegurar la transformación revolucionaria de la sociedad.

Pero no solo por eso. La sociedad mexicana, especialmente en los últimos años, ha sufrido cambios fundamentales en su estructura clasista que han dado por resultado el paso de la clase obrera al papel de clase fundamental, que ya representa la mayoría de la población que interviene en el proceso productivo y de circulación de mercancías.

Últimamente se han trasladado a nuestro país algunas concepciones de corte claramente revisionista según las cuales no existiría hoy una clase obrera en el sentido que Marx,Engels y Lenin dieron a este concepto, sino solamente trabajadores. Pero sucede todo lo contrario: la clase obrera amplía incesantemente sus filas y se le incorporan o luchan cada vez más junto a ella sectores nuevos, como la intelectualidad técnica y científica, los empleados que forman parte del aparato productivo y generan plusvalía, y otros.

 

Sus fundamentos

 

El partido al que nosotros aspiramos es un partido basado en los principios del socialismo. científico. Hoy sería un retroceso histórico abordar la cuestión del partido obrero revolucionario al margen de las elaboraciones del socialismo científico, la teoría que ha demostrado su validez en el curso de los combates históricos de más de un siglo y bajo cuya bandera luchan centenares de millones de hombres que construyen una nueva sociedad o luchan por transformarla.

Por cierto, no consideramos en absoluto que esta teoría sea patrimonio exclusivo de algún partido. En la actualidad el socialismo científico gana la conciencia de amplias masas de trabajadores manuales e intelectuales y se convierte en la guía de nuevas formaciones políticas.

El fundamento teórico del socialismo científico es la principal garantía de que el partido obrero no será presa del reformismo, ni se empantanará en concepciones dogmáticas. La ciencia social fundada por Marx y Engels, y desarrollada por Lenin, Rosa Luxemburgo, Gramsci —y en América Latina por militantes como José Carlos Mariátegui, Julio Antonio Mella y por todos los movimientos revolucionarios de la clase obrera de las últimas décadas—, es la guía para el estudio de la realidad concreta y su transformación necesaria.

Socialismo científico es el nombre que Marx y Engels dieron a su teoría revolucionaria, y el que expresa con mayor exactitud su contenido. Lenin lo desarrolló al aplicarlo a la realidad específica de la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias. Pero nuevos pensadores y otros partidos de la clase obrera continúan enriqueciéndolo. Los partidos comunistas desarrollan independientemente la teoría al aplicarla a la situación de sus países.

Ninguna otra puede ser la doctrina social que sirva de fundamento a un partido revolucionario de la clase obrera. En el partido de la clase obrera se expresa justamente la fusión del socialismo científico con el movimiento obrero espontáneo.

Consideramos que sería sumamente peligroso y carente de fundamento el ocultar las bases teóricas del partido. Un partido que no defina claramente su concepción filosófica está expuesto a caer en desviaciones teóricas o en el eclecticismo.

En este sentido debemos decir claramente que es falsa y tendenciosa la versión publicada en un semanario (Proceso) en el sentido de que “los términos socialista y comunista" serán derogados. El comentarista convierte sus deseos en realidades. En todo caso, se trate de una deformación del contenido de los debates entre las cinco organizaciones mencionadas.

También se habla con insistencia de que los conceptos socialismo y comunismo son repudiados por grandes masas debido a la propaganda anticomunista de los reaccionarios. Pero esto no corresponde a la verdad. Los agentes del imperialismo y los reaccionarios de todos los matices realizan una campaña anticomunista sistemática. Pero las masas trabajadoras no sólo reciben esta influencia. Frente a ella se erigen las realidades del socialismo: sus conquistas económicas, científicas, sociales y culturales, especialmente hoy, cuando frente a un mundo capitalista sacudido por la crisis se pone de relieve la superioridad del sistema socialista en todos los órdenes. Frente a ella se manifiesta la realidad social que viven la clase obrera y todos los trabajadores víctimas de la explotación en el sistema del trabajo asalariado, aun cuando esta realidad no la comprendan en toda su complejidad.

Una prueba de que la campaña anticomunista no ha echado raíces entre la clase obrera y las masas trabajadoras fue la campaña electoral que realizaron el PCM, el MOS y la LS el año pasado. La realidad es que el socialismo y el comunismo gozan de un prestigio cada día mayor entre grandes núcleos de la clase obrera. El anticomunismo existe y seguirá existiendo, pero los partidarios socialismo científico no procederán adecuadamente retrocediendo ante la presión de los reaccionarios, haciéndoles concesiones y dejándoles libre el campo. Lo que de ello se deduce es la necesidad de hacer frente, con inteligencia y habilidad; a las patrañas del anticomunismo. Por nuestra parte, defenderemos siempre la idea de que el futuro de México corresponde al socialismo y al comunismo.

Por otra parte, es improbable que se pueda, avanzar hacia el socialismo bajo la cobertura de un partido amplio, basado sólo en principios democráticos o de tipo populista. Un partido así no será apto para organizar a la clase obrera, para introducir la conciencia de clase ni para ayudarla a convertirse en dirigente de las masas oprimidas y explotadas.

En la construcción de un partido obrero revolucionario son igualmente nocivos el aislamiento sectario con respecto a las masas y la adaptación oportunista a cualquier mentalidad atrasada. Se trata de construir un partido de masas de la clase obrera que no solamente refine a los que han asimilado la concepción socialista del mundo, sino a todos los que se adhieran a su programa y contribuyan prácticamente a realizarlo, pero sin rebajar el nivel de la propaganda y de la agitación a los tópicos puramente antigobiernistas.

En su declaración de principios el partido unificado debe establecer que se basa en el reconocimiento de la lucha de clases; que su misión consiste en sustituir el régimen capitalista por el socialista y en instaurar un poder de la clase obrera que exprese al mismo tiempo los intereses de todos los explotados y oprimidos. Su concepción debe ser internacionalista y patriótica a la vez, pero no nacionalista. El nacionalismo, propio de la ideología de la clase capitalista, propugna el aislamiento nacional, y no debe ser confundido, con el auténtico patriotismo, propio de la ideología de la clase obrera y que representa hoy los auténticos intereses nacionales. El internacionalismo de la clase obrera no implica supeditación ni dependencia con respecto de ninguna organización o partido extranjeros. El partido que tratamos de construir es un partido autónomo, independiente y soberano. Pero al mismo tiempo es el partido de la solidaridad militante con todos los partidos y movimientos revolucionarios que luchan contra el imperialismo, por la democracia y el socialismo. Debería mantener, por tanto, relaciones fraternales con los partidos y organizaciones democráticos, antiimperialistas y comunistas de otros países.

El partido unificado deberá darse un programa claramente revolucionario que sobre la base de la crítica al capitalismo mexicano muestre la perspectiva de su eliminación y señale los rasgos de la sociedad que habrá de sustituirlo; un programa que se base en la lucha consciente por una nueva revolución que abra el camino al socialismo e implante la democracia en nuestro país.

No entendemos el programa de un partido obrero revolucionario como una colección .de fórmulas abstractas, sino como el programa de un partido de acción que surge de la realidad concreta y sirve de guía para la acción diaria. Al mismo tiempo lo concebimos como un documento científico que conlleva una aplicación creadora de los principios generales del socialismo a la realidad de nuestro país. El programa debe señalar el camino de México al socialismo y exponer las tareas que pueden hacerlo posible.

Otro aspecto importante en el que es necesaria la unidad complete es la definición de las concepciones tácticas del partido. Se trata, ante todo, de arribar a una actitud común hacia otras clases y partidos, señalando las clases o capas enemigas del proceso revolucionario, las que pueden ser aliadas y las que es necesario neutralizar. En nuestro país se mantiene la necesidad de la alianza obrero-campesina y la urgencia de que el partido obrero organice y atraiga a su lado a los campesinos pobres, sacándolos de la influencia burguesa. Pero ha adquirido una significación relevante la atracción de la intelectualidad democrática, en especial de los estudiantes, y de las capas marginales.

El nuevo partido mantendrá, en nuestra opinión, una independencia completa de la burguesía y formulará su actitud ante los gobiernos de la familia revolucionaria partiendo de su definición como gobiernos capitalistas. De inmediato es indispensable precisar la actitud hacia el gobierno de López Portillo.

En el momento actual adquiere gran importancia elaborar una política de alianza con todas las fuerzas democráticas, antiimperialistas y socialistas, ya que el nuevo partido no representará a todas ellas.

Otros aspectos de la táctica, como el de los métodos de lucha, la actitud hacia los movimientos espontáneos, también deben ser precisados.

La indefinición ante problemas como éstos genera constantes fricciones e incluso divisiones en los partidos que no se preparan a tiempo para hacer frente a los virajes de la situación.

Una importancia capital reviste también la formulación de normas organizativas claras. Nosotros somos defensores de un partido de masas; pero organizado y coherente, no de un conglomerado informe y sin disciplina.

Los partidos revolucionarios, de militancia voluntaria, que no ejercen coerción sobre sus miembros ni los organizan a base de incentivos personales, solo pueden sostenerse y desarrollarse si se basan en el centralismo democrático, que presupone la amplia participación de los militantes en la elaboración y aplicación de la política, y al mismo tiempo el acatamiento voluntario de la minoría a los acuerdos de la mayoría. Es decir, libertad de discusión y unidad de acción.

El centralismo democrático presupone también la dirección colectiva y la eliminación de cualquier caudillismo, la autocrítica de los propios defectos del partido, de sus debilidades y errores.

Un partido de este tipo no depende del nombre ni de unos determinados símbolos. Pero debe tratarse de que uno y otros corresponda a su naturaleza obrera y revolucionaria.

A este propósito, consideramos que sería incorrecto concebir el partido unificado como el partido único de la clase obrera mexicana. De ninguna manera podemos negar a otras formaciones la aspiración a representar los intereses y los objetivos de la clase obrera. El partido único obrero es una particularidad de determinadas revoluciones, pero no es una regla. En las condiciones de nuestro país podemos prever que existirán varios partidos que luchen por el socialismo y que participarán en la dirección de la nueva sociedad. Nosotros somos partidarios del pluripartidismo también en el socialismo.

Otra cosa es la necesidad de luchar por la unidad de la clase obrera incluso en el seno de un mismo partido. Esta es una lucha de principios, que se coronará como resultado de una práctica prolongada y de la comunidad de concepciones teóricas, políticas y organizativas.

 

El camino: la alianza

 

Para que la idea de integrar a las cinco organizaciones en un partido unificado avance sólidamente es necesario no sólo emprender la discusión de sus fundamentos sino proceder prácticamente a una acción conjunta cada vez más estrecha y eficiente.

Planteado claramente el rumbo hacia la unidad orgánica, la formalización de una alianza lo más completa posible se convierte en la vía indispensable para una unificación verdadera, ya que a través de ella el proceso incluirá no sólo a las direcciones sino a las organizaciones locales y a la misma base de los partidos.

En nuestra opinión podría llegarse incluso a la formación de una alianza tan estrecha, como podría ser una federación de partidos y organizaciones de izquierda, que trabaje durante el periodo de preparación de las bases del partido unificado bajo una dirección coordinada que adopte acuerdos por unanimidad y conduzca el proceso unitario.

Otro aspecto importante en el que podría avanzarse de inmediato es en la unificación de las fuerzas de masas en las que influyen los partidos, tanto en el movimiento sindical como campesino, popular y universitario. La creación de organizaciones democráticas de masas con la participación de los partidos que discuten su unificación sería un paso de gran importancia que influirá de inmediato en grandes sectores de la población.

La Comisión Coordinadora que se ha acordado designar en la última reunión de las cinco organizaciones, y que proponemos al Comité Central sea ratificada, debería darse a la tarea de preparar los documentos que serán discutidos por las direcciones respectivas y el plan de acción en que participaremos de inmediato.

Éstas son las ideas que la Comisión Ejecutiva ha decidido someter a la discusión del Comité Central y que, de aprobarse, servirán de orientación a los representantes del PCM en las discusiones. Consideramos que deberían darse a conocer a la base del partido como parte de los materiales preparatorios del XVIII Congreso Nacional, que resolverá en definitiva.

No nos cabe duda de que una orientación como la propuesta contribuye a que se extienda la influencia del socialismo en nuestro país; es un aporte a la tarea de principio de unir a los partidarios del socialismo y también a elevar las posiciones de la izquierda. Es, por fin, un incentivo a la acción y a la lucha de las masas, que tendrá resultados inmediatos. La unidad de estas cinco organizaciones no representa todavía la unidad de toda la izquierda ni de todos los partidarios del socialismo. Pero representa un paso de gran trascendencia hacia ella. Con este impulso estamos seguros de que otras organizaciones y grupos de orientación socialista, lo mismo que personas aisladas, se decidirán posteriormente a unificarse.

Es claro que en tanto no se llegue a la formación del nuevo partido el Partido Comunista Mexicano continuará la lucha por el reconocimiento de sus plenos derechos políticos, y en particular por su registro electoral.

Nuestro partido deberá esforzarse por entregar la máxima contribución que le sea posible al proceso unitario que se ha iniciado, actuando con la máxima flexibilidad, a fin de que las dificultades naturales que se presentaron sean rematadas en aras de los objetivos comunes de constituir una fuerza unificada de la clase obrera capaz de disputarle la hegemonía a la burguesía y de abrir nuevos caminos al socialismo en nuestra patria.

 

[1]          Publicado en: Arnoldo Martínez Verdugo, Crisis Política y alternativa comunista, México, Ediciones de Cultura Popular, 1979, pp. 179-186.