Inicio > Homenaje > Discursos > Arnoldo Martínez Verdugo y la política internacional: Enrique Semo

Arnoldo Martínez Verdugo y la política internacional: Enrique Semo

Durante los años de 1940 a 1956 que Lázaro Cárdenas llamó años de contrarrevolución pacifica, el PCM era como un barco en un mar embravecido, sin brújula y sin capitán. Los comunistas seguían luchando pero sin orientación y sin éxitos. Al final de ese periodo era una mera sombra de lo que había sido en 1940. Su militancia apenas llegaba a dos mil miembros en todo el país. Arnoldo Martínez Verdugo fue el principal artífice del gran viraje en la ideología, la línea política, la formación de una nueva dirección y las prácticas cotidianas del partido.

 

Enrique Semo en el homenaje a Arnoldo Martínez Verdugo en la BUAP

 Enrique Semo en el homenaje virtual a Arnoldo Martínez Verdugo, que tuvo lugar el 22 de septiembre del 2020/ Imagen: VEDC

 

El cambio de dirección política en 1960 representó una verdadera refundación del PCM. La transformación no podía ser exclusivamente en la arena de la política mexicana. En los años 60 y 70 el movimiento comunista internacional llegaba a su cenit: 96 partidos con cerca de 80 millones de miembros, 14 países de sociedad poscapitalista y muchos aliados en el Tercer Mundo. El PCM era parte de ese movimiento internacional y no podía cambiarse ni cambiar drásticamente su política en México sin ubicarse correctamente en la tempestad que azotaba el movimiento comunista. Una vez más fue Martínez Verdugo el principal autor de esa transformación.

El colosal y perdurable efecto histórico de la Revolución de Octubre, el espectacular desarrollo industrial, el acceso de las grandes masa a la cultura, el papel decisivo de la URSS en la derrota de la maquina militar fascista, su ayuda a diversos movimientos revolucionarios y antiimperialistas, mantuvieron el mito del éxito del PCUS en la construcción del socialismo durante mucho tiempo. Martínez Verdugo relató en una entrevista que la victoria del ejército rojo con inmensos sacrificios en la Segunda Guerra Mundial influyó en su ingreso al PCM. Pero los tiempos de la Tercera Internacional, cuando el comunismo se concebía como un solo partido dirigido desde Moscú, habían quedado atrás y la influencia de la URSS, pese a la guerra fría, no era ya, ni de lejos, lo que había sido. El lugar de la Tercera Internacional estaba ocupado por lo que se puede llamar un Movimiento Comunista en que los acuerdos respondían a una diversidad de intereses y diferencias en la visión del camino al socialismo y la situación política mundial.

Las diferencias y conflictos entre el PCUS y varios partidos comunistas se habían multiplicado desde las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. El embrollo con la Yugoslavia de Tito, que decidió construir un socialismo con democracia, con altas y bajas duraba desde 1948. Pero Yugoslavia no podía ser invadida: tenía un gobierno muy popular y un numeroso y excelente ejército. La intervención armada en Hungría en 1956 en donde se había producido un multitudinario movimiento de protesta contra el gobierno de András Hegedüs y la intervención rusa en su política interna, había afectado a muchos comunistas en el mundo entero. El Partido Comunista Italiano perdió 300 mil miembros entre los cuales se encontraban muchos intelectuales. En 1968 Rumania se había negado a participar en la operación contra Checoslovaquia llamando a la intervención un “atentado contra la soberanía de un país socialista”. Pero la más grave ruptura se había producido antes entre los partidos comunistas de la Unión Soviética y la República Popular China que se había intensificado durante todos los años 60s. La ruptura tomó la forma de una polémica ideológica y política, pública cada vez más violenta y descomedida, además de prácticas que reducían las relaciones entre las dos potencias socialistas. El cisma sino-soviético que duró cerca de veinte años, afectó profundamente al movimiento comunista mundial.

Arnoldo me contó que en el año de 1964, se nombró una comisión formada por cuatro secretarios de partidos de América Latina entre los cuales estaba él, para que viajaran a China y se entrevistaran con Mao Tse Tung para pedirle que cesara la discusión pública con el PCUS, porque esta estaba causando mucho daño a los partidos comunistas de América Latina en los cuales se habían producido varias divisiones entre pro-soviéticos y pro-chinos. Al llegar a Pekín se les informó que Mao no estaba en esa ciudad sino que había viajado al norte, a una región en que se había producido una hambruna a raíz de una serie de malas cosechas y si querían podían viajar para entrevistarse con él. Lo hicieron, Mao los recibió en un vagón de tren en el cual estaba viajando por toda la región afectada y escuchó su petición. Les contestó –contaba Arnoldo– en los siguientes términos: Las diferencias entre nosotros y el camarada Jrushchov son muy profundas y afectan la línea política de todo el movimiento comunista: La definición de la situación política mundial, de la construcción del socialismo y de la historia del comunismo. Nosotros no hubiéramos querido una discusión pública pero el camarada Jrushchov nos ha obligado a ello y como las diferencias ya abarcan todos esos puntos no puede cesar. Así que vamos a continuar la discusión cinco, diez, si es necesario cincuenta años.

Esto produjo desazón entre los miembros de la delegación que comprendieron que la división sino-soviética se iría profundizando. Era ya una división de hecho del movimiento comunista. Arnoldo Martínez Verdugo siempre se opuso a la expulsión del Partido Comunista Chino del movimiento y esta posición en varias ocasiones como en el Congreso de Partidos Comunistas de América Latina y el Caribe, en La Habana en junio de 1975. El principio que guiaba su posición era que cada partido comunista era independiente en la elaboración y la puesta en práctica de su línea política y debía ser respetado aun cuando esa línea disentía de la de otras. En 1968 tuvo lugar lo que se llamó la Primavera de Praga en la que el Partido Comunista Checoslovaco dirigido por Alexander Dubcek inició una nueva política llamada el Socialismo con rostro humano que difería profundamente del modelo soviético. La URSS reaccionó violentamente y los ejércitos de cinco países del Pacto de Varsovia lo invadieron para obligarlo a cambiar de dirigentes y volver al redil.

El combate contra el estalinismo dentro el partido mexicano se había iniciado a raíz del vigésimo Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1956 en el cual se hizo la crítica a Stalin. Pero se intensificó a partir de 1960 con el cambio de dirección del partido y el acenso a la secretaría de Arnoldo Martínez Verdugo.

En 1969 el PCUS necesitaba urgentemente un congreso que ratificara la unidad alrededor del principio de su papel dirigente en el movimiento comunista. Alentaba la expulsión del partido chino; la aprobación de la Doctrina Brézhnev, un acuerdo de soberanía limitada, según el cual los países del Pacto de Varsovia podían intervenir militarmente en cualquier miembro en que se pusiera en peligro el régimen socialista y la aprobación del llamado “proceso de normalización” de la situación en Checoslovaquia que comprendía la expulsión de los dirigentes de la Primavera de Praga y de 500 mil miembros del partido. La búsqueda de “unidad” resultó, debido a los numerosos disidentes, tarea difícil. China se negó a participar previendo una iniciativa del PCUS para su expulsión del movimiento comunista y un buen número de partidos exigían la realización previa de discusiones preparatorias para eliminar los términos fundamentales de la controversia, de la solución para que ésta pudiera ser firmada por todos.

La Conferencia había sido convocada por el Partido Comunista de la Unión Soviética. Anunciada para 1966, no pudo realizarse a tiempo por la resistencia de muchos partidos a condenar a los chinos. Mientras tanto, el 21 de agosto de 1968, la Unión Soviética se aisló aún más al invadir militarmente Checoslovaquia. Varios partidos del mundo, entre ellos el mexicano, reprobaron la agresión, sumando un nuevo tema de aguda controversia al conflicto chino-soviético.

Desde mediados de los años 60 se inició un conflicto entre los tres grandes partidos meridionales de Europa occidental, el italiano dirigido por Enrico Berlinguer, el español cuyo secretario general era Santiago Carrillo y el francés que desde 1970 tuvo como secretario a Georges Marchais y el PCUS que se fue agrandando en la siguiente década. Las coincidencias entre los tres partidos adoptaron paulatinamente el nombre de Eurocomunismo, otros se fueron sumado a ellos como el inglés, y el australiano.

La primera coincidencia pública del PCM con esos partidos se produjo a raíz de la intervención militar de los países del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia. A ese respecto el mismo día de la intervención militar, el 21 de agosto de 1968 la comisión política del PCM presidida por Martínez Verdugo envió el siguiente telegrama a Moscú:

 

CC PC Unión Soviética

Moscú, URSS

Presídium CC Partido Comunista Mexicano lamenta profundamente intervención ejércitos soviéticos y otros países Pacto Varsovia en territorio checoslovaco. Solicita retirada inmediata tropas y normalización relaciones con partido y gobierno checoslovacos con base principios igualdad, respeto mutuo y no injerencia en asuntos internos.

Presídium Comité Central PCM

Arnoldo Martínez Verdugo

Primer Secretario

 

Este documento que muestra la nueva posición independiente de los comunistas mexicanos. Esta resolución causó cierta resistencia de algunos camaradas principalmente en los estados, que no aceptaban oponerse a la Unión Soviética en estos términos pero ninguno de ellos abandonó las filas del PCM.

Al fin, la fecha de la Conferencia Internacional de los Partidos Comunistas y Obreros se fijó para mediados de junio de 1969. Para poder realizarla se hicieron durante cerca de un año innumerables reuniones de discusión que hospedó el Partido Comunista Húngaro en la ciudad de Budapest. Estas tuvieron lugar en el Hotel Guellért, un magnífico edificio de Art Nouveau construido en los años de 1916-1918, y que todavía existe y sigue siendo una de las principales atracciones de esa espléndida ciudad. Participamos en ella Gerardo Unzueta y yo que me encontraba en aquel entonces en la RDA como corresponsal de la revista Oposición y encargado de la relación con los estudiantes mexicanos en los países socialistas que llegaban a un número cercano a los 300. Arnoldo Martínez Verdugo solo participó en unas pocas de las reuniones preparatorias en el Hotel Guellért, (los sucesos de 1968-1969 en México, no le permitieron más) y yo asistí a casi todas las reuniones en la mesa de ideología cuyo presidente era O. V. Kuusinen, uno de los principales ideólogos del PCUS. En la mesa había traducción simultánea de manera que cada participante hablaba en su idioma. Gerardo y yo informábamos detalladamente al presídium del partido en México de la marcha de las discusiones.

En un libro de Arnoldo Martínez que se llama Crisis política y alternativa comunista compuesto de diversos ensayos y discursos, encontramos un texto que se llama Discurso en la conferencia internacional de los partidos comunistas y obreros. Hoy día su lectura es difícil, casi críptica, porque el contexto en que fue escrito y pronunciado ha quedado sepultado en el pasado del movimiento comunista en un momento en que había que aprender a hablar y descifrar en lengua de Esopo. Según la fábula, el esclavo que, después de demostrar las virtudes de la lengua que nos permite expresar los más nobles sentimientos pero también su malignidad cuando es fuente de todas las intrigas y madre de todos los pleitos, dijo a su amo “la lengua es un arma de doble filo ¿Cuál prefieres?”. El discurso está lleno de alusiones, silencios y tomas de posición enérgicas que quisiera comentar con ustedes.

La Conferencia Internacional de los Partidos Comunistas y Obreros de 1969 tuvo lugar en el mes de junio en una de las inmensas salas del Kremlin, con paredes y techos blancos y profusas cenefas doradas. En mesas colocadas en forma de U estaban sentados los más de 200 representantes de 75 partidos comunistas y obreros de todo el mundo. Las delegaciones estaban sentadas en orden alfabético, Como Mexica (México en ruso) comienza con M y la Unión Soviética en ruso SSR (en alfabeto cirílico a tres letras uno del otro), Brézhnev estaba sentado a tres o cuatro delegaciones de nosotros. Asistió a casi todas las sesiones que tomaron una semana, de manera que pudimos verlo de cerca en su manera de ser diaria. Ministros como Kosiguin de Relaciones Exteriores venían a consultarlo frecuentemente, hablándole al oído. Él contestaba en monosílabos que parecían gruñidos. Las resoluciones se habían ya aprobado en Budapest, pero las diferencias de opinión se expresaban agudamente en las intervenciones de cada partido.

El PCM nombró a tres miembros de la dirección para asistir a la conferencia, Arnoldo Martínez Verdugo, su primer secretario, Lino Medina y el que les habla. Arnoldo no me pareció especialmente nervioso; con la circunspección que lo caracterizaba, traía ya el borrador de su discurso, pero en las noches, en el hotel lo comentamos y acordamos mencionar los siguientes puntos:

A) Destacar la importancia de las discusiones previas en Budapest como método adecuado para intercambiar opiniones y concertar acuerdos.

B) El acuerdo de nuestro partido de que las resoluciones solo recogieron los temas en que estaban de acuerdo todos los partidos.

C) No mencionar la pugna chino-soviética pero oponerse contundentemente a la expulsión de cualquier partido presente o no en la conferencia.

D) Rechazar la idea de que el movimiento comunista tenía una estructura de centralismo democrático e insistir en la independencia de cada Partido Comunista de fijar la línea política más adecuada para su país.

E) No referirnos directamente a la invasión de Checoslovaquia pero si afirmar que la diversidad de condiciones en que se construye el socialismo hacen imposible e innecesaria en la actualidad la existencia de cualquier centro dirigente regional o mundial del movimiento comunista.

F) En la transformación de las divergencias en división abierta desempeña un papel decisivo las violaciones a las normas que deben regir las relaciones de los partidos comunistas y obreros. Estas normas exigen el respeto a la independencia de cada partido y Estado socialista, la discusión fraternal de las discrepancias y la ayuda mutua y la solidaridad frente al enemigo común.

G) Ciertamente existen divergencias serias que no se pueden soslayar. Pero la unidad de acción de los partidos comunistas y obreros no puede esperar que sean zanjadas las diferencias.

H) Las diferencias de enfoque y acción ante ciertos problemas no es una irregularidad ni algo que debe ser considerado dañino o perjudicial. Es por lo contario el terreno normal sobre el cual deben construirse las posiciones comunes para lo más importante, la unidad de acción.

I) Destacar la importancia de los movimientos juveniles y estudiantiles, especialmente del 68 en el mundo y en México.

 

Luego se expuso la situación en México de acuerdo a la nueva visión elaborada desde 1960 y se pidió la solidaridad con las víctimas del 2 de octubre y los numerosos presos políticos.

Esta posición causó posteriormente una reacción del PCUS parecida a una ley de hielo para los comunistas mexicanos. En todos los encuentros se nos hacia el vacío y varios países del socialismo realmente existente dejaron de invitarnos a sus encuentros y celebraciones. Produjo también presiones por parte de los partidos latinoamericanos que apoyaban todas las posiciones del PCUS. A la vez aceleró el acercamiento con los partidos del Eurocomunismo. Pero ojo, el PCM preservó su independencia también hacia ellos puesto que las condiciones de nuestro país eran muy diferentes a las de Europa occidental. La unidad de acción colocaba al PCM más en las filas del comunismo latinoamericano que en las del Eurocomunismo.

Voy a terminar con una anécdota que es más que eso porque ilustra las presiones a las que nuestro partido fue sometido por su nueva posición y tiene una actualidad a la que no podemos escapar. Una mañana de la conferencia que duro 12 días, fuimos invitados a desayunar en un pequeño local diferente al gran comedor común, de preciosa arquitectura medieval. Para nuestra sorpresa al llegar a nuestra mesa encontramos sentado a un general de la rama de misiles del ejército soviético. El general tenía unos 30 años, una apariencia muy juvenil y estaba acompañado con su propio traductor. Cuando llegamos a la mesa se levantó y nos saludó a cada uno con un fuerte apretón de manos. Luego comenzó a preguntar y comentar la situación en América Latina de la cual estaba bastante bien informado, también se refirió a la crisis de los misiles con Cuba en 1962. Al terminar el desayuno nos invitó a subir a su automóvil. El viaje por una zona boscosa duró poco más de una hora. Nos bajamos en un pequeño claro en pleno bosque. Estábamos parados en una orilla junto al general que dio órdenes a un oficial. Para nuestra sorpresa el suelo comenzó a moverse para dar salida a un misil intercontinental con ojiva nuclear y al movimiento coordinado de varios soldados que ocuparon sus puestos. Nos explicó que este cohete podía alcanzar el territorio continental de América y especialmente los Estados Unidos y los países de Europa. Luego nos dijo que la URSS llevaba un avance en tecnología de misiles sobre los Estados Unidos y que hacía 12 años habían construido un cohete mucho más grande, que puso en órbita al primer satélite artificial el Sputnik. Nos explicó también que la URSS tenía varios miles de esos misiles.

Después de contestar nuestras preguntas, concluyó:

–Miren compañeros, ustedes y nosotros somos comunistas, tenemos los mismos ideales y compartimos una visión del futuro, pero también tenemos una diferencia importante. Nosotros tenemos algo sin lo cual no estaríamos aquí platicando, la URSS es el paraguas atómico del comunismo mundial. Sin él no hay paz posible. Además contamos con el mejor ejercito del mundo que hace poco venció la maquina militar más poderosa que era el ejército alemán. Estos factores aseguran la paz necesaria para nuestra existencia común. Tomen ustedes en cuenta este hecho.

El viaje de regreso, se realizó en completo silencio, nadie tenía algo que agregar. Al llegar al Kremlin el general se despidió de nosotros deseándonos mucho éxito en la Conferencia y en nuestras luchas en México. Y ahora, medio siglo después me pongo a reflexionar, ¿Y si el general tenía razón? Cuando el paraguas atómico de la Unión Soviética dejó de funcionar, todos los partidos comunistas incluyendo los Eurocomunistas dejaron de existir o fueron reducidos a una condición marginal. Incluso organizaciones de izquierda críticas de la URSS se debilitaron ¿Qué relación existe entre los dos sucesos? ¿Cómo estaríamos si las reformas de Gorbachov hubieran tenido éxito? ¿Por qué sobrevivieron el comunismo chino,vietnamita y cubano con tal vigor y qué significa esto para el mundo hoy día?