De La Docta a la BUAP: exilio y arraigo en Miguel Ángel Cuenya
De La Docta a la BUAP: exilio y arraigo en Miguel Ángel Cuenya

En tiempos de crisis, los historiadores se convierten en oráculos. La sociedad busca en sus investigaciones del pasado una luz que permita iluminar las zonas de oscuridad de nuestro presente.
Miguel Ángel Cuenya / Imagen: cortesía del entrevistado (Facebook personal)
Para los historiadores de la enfermedad, como el investigador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades "Alfonso Vélez Pliego (ICSyH) de la BUAP Miguel Ángel Cuenya, los tiempos del COVID-19 son una plataforma abierta para contextualizar las epidemias del pasado que él estudió en una gran variedad de libros y artículos sobre la temática, aunque también investigó otros aspectos del desarrollo histórico de Puebla y su región: Salud, enfermedad y muerte en la ciudad de Puebla: de la Independencia a la Revolución; Puebla de los Ángeles en tiempos de una peste colonial: una mirada en torno al Matlazahuatl de 1737; Cabildo, sociedad y política sanitaria en la ciudad de Puebla, 1750-1910; Revolución y tifo en la ciudad de Puebla 1915-1916: un estudio sociodemográfico, Reflexiones en torno a la pandemia de Influenza de 1918 o Ángeles y constructores. Mitos y realidades de la historia colonial de Puebla, siglos XVI y XVII.
Para comprar "Enfermedad, epidemias, higiene y control social. Nuevas miradas desde América Latina y México". obra colectiva dirigida por Miguel Ángel Cuenya, dar clic en la imagen
Sus aportaciones a la historia de la salud pública en el universo poblano no hubieran sido posibles sin un elemento particular que marcó a una generación de estudiantes en las antípodas del continente americano: el exilo de estudiantes y docentes de la comunidad universitaria de Córdoba, Argentina.

Prácticas de medicina en tiempos del Porfiriato / Imagen; cortesia de la Secretaría de Salud (Cien Años de prevención y promoción
de la Salud Pública en México.1910-2010)
Muchos fueron los que huyeron de la dictadura militar en 1976 y de la represión previa contra universitarios formados en un ambiente de politización y resistencia que inició con la noche de los bastones largos del 22 de julio de 1966 cuando Juan Carlos Onganía, presidente de facto, suprime el gobierno tripartito (profesores, graduados y estudiantes) y la autonomía de las universidades nacionales desencadenando un primer exilio académico que se convertiría en destierro masivo una década después.
En la senda del destierro, varios exiliados formados en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) o en la Universidad Católica de Córdoba (UCC) terminaron trabajando en la Universidad Autónoma de Puebla o bien mantuvieron una colaboración con los colegios que en aquel entonces estructuraban la BUAP.
Participación de Miguel Ángel Cuenya en el programa Nueva Normalidad Diálogos desde la BUAP el 30 de junio del 2020.
La importancia de este nodo cordobés en la BUAP puede observarse a través de algunos de sus epígonos más conocidos, que fueron huéspedes permanentes de sus centros de investigación, como Raúl Dorra, Luisa Ruiz Moreno y Marisa Filinich, los tres responsables del Programa de Semiótica y Estudios de la Significación de la BUAP, la lingüistaSilvia Kiczkovsky u Oscar Correas, un jurista marxista formado en la Católica, aunque también residentes temporales de sus colegios o del Instituto de Ciencias, como Óscar del Barco o Juan Carlos Garavaglia e incluso testigos simpatizantes que mantuvieron un estrecho contacto con el laboratorio político de la Autónoma de Puebla.
Así sucedió con el grupo de la revista Cuadernos de Pasado y Presente, formado por José Arico y Juan Carlos Portantiero, quienes, desde la diáspora chilanga, en coalición con Oscar Terán y otros exiliados, desarrollaron sus propios ajustes de cuenta en Controversia, mientras colaboraron con sus pares poblanos en debates, seminarios o revistas como Elementos o Dialéctica, que nacieron de la fecunda interacción entre intelectuales de todo el continente radicados en el altiplano mexicano.
Los paralelismos entre las ciudades universitarias de Córdoba y Puebla son sorprendentes, pese a sus grandes diferencias de centralidad geográfica. Ambas universidades públicas se fundaron como colegios jesuitas y lucharon, a caballo de dos siglos, para convertirse en centros de investigación libres de injerencia clerical o gubernamental.
En el largo proceso de la reforma universitaria latinoamericana, iniciada por estudiantes cordobeses la primavera de 1918, confluyen ya en la segunda mitad del siglo XX luchas estudiantiles, modernización industrial y movimientos sociales que enfrentan, tanto en la Puebla de los Ángeles como en Córdoba La Docta, una estructura conservadora -levítica e intransigente- que intenta mantener, a sangre y fuego, el control de la ciudadela universitaria, mientras moviliza capitales extranjero para la industrialización de sus respectivas regiones, potro aralelismo que remarca el propio Cuenya:
En los alrededores de Córdoba se establecieron la fábrica Ika-Renault, Fiat, Materfer (material ferroviario), la fábrica militar de aviones y la fábrica de motores Perkins, lo que significó la industrialización de la ciudad y le cambió la fisonomía. Igual sucedió en Puebla con la instalación de la planta Volkswagen el año de 1964, que detonó un importante polo industrial de gran impacto en la ciudad y su zona metropolitana.
Una serie documental sobre las lucha política y contrinsurgencia en la provincia de Córdoba, realizada por el Canal Encuentro. Puede verse completa en este enlace: Historia de la represión en Córdoba
También se defiende la brutalidad del poder local con figuras fugaces como el gobernador poblano Bautista O’Farril o episodios de golpismo provincial, como El Navarrazo del 28 de febrero de 1974, cuando de jefe de la policía derroca, con tanquetas y fusiles, al gobernador constitucional e inicia la primera represión sistemática contra las izquierdas que cinco años antes organizaron la insurrección de obreros y estudiantes conocida como El Cordobazo.
Un golpe provincial que fue preludio y anuncio del Proceso de Reorganización Nacional de la junta militar argentina. Según el Registro unificado de víctimas del terrorismo de Estado, entre 1966 y 1983, hubo “7018 casos de personas víctimas de desaparición forzada y 1613 víctimas de asesinato”, Más de 300.000 argentinos tomaron el camino del exilio sin contar aquellos que se fueron antes del 24 de marzo de 1976.
En el caso poblano, la espiral de conflictos terminó el año 1973 con la separación de la derecha poblana de la UAP y el ascenso del Partido Comunista Mexicano a la rectoría, cuyo proyecto de Universidad Democrática,Crítica y Popular organizaría la institución por más de tres lustros e incluiría una solidaridad internacionalista que rebasará la pura retórica al recibir en sus aulas a profesores chilenos, argentinos guatemaltecos o haitianos que huían de sus respectivas dictaduras, abiertas o camufladas.
Procedente de esta diáspora cordobesa, llegó a Puebla Miguel Ángel Cuenya. Para que nos contara más al detalle sus recuerdos del exilio, llegada y aclimatación en tierras mexicanas entrevistamos a este investigador de nuestra casa de estudios como parte de este repositorio informativo de Crónica Universitaria, denominado Los exilios latinoamericanos en la BUAP.
“Los académicos fuimos expulsados de la Universidad de Córdoba”: Miguel Ángel Cuenya
¿Cuáles fueron tus razones para huir de Argentina?
Después del golpe de Estado de 1976, la situación sociopolítica se puso muy difícil en las principales ciudades del país; en el caso de la ciudad de Córdoba, la Universidad Nacional de Córdoba fue intervenida militarmente; la mayor parte de los académicos fueron expulsados de la universidad, entre los que me encontraba. Ante esa situación tomé la decisión de emigrar a México con la finalidad de continuar con mis estudios de posgrado.
Miguel Ángel Cuenya en una conferencia sobre la fundación de Puebla del 29 de abril del 2016 / Imagen: YouTube
¿Tenías un plan específico o un país o ciudad específica para rehacer tu vida?
No, no tenía un panorama claro en donde rehacer mi vida. Por otro lado, llegamos en un momento político muy especial, en diciembre de ese año (1976) se produce el cambio de autoridades, terminaba su sexenio el Lic. Luis Echeverría Álvarez y asumía el Lic. José López Portillo, lo que implicó que se frenara el otorgamiento de permisos de trabajo durante unos meses.
¿Los maestros o los alumnos que conociste como estudiante en la Universidad de Córdoba fueron una guía o apoyo cuando llegaste a México?
Si, la colectividad argentina era muy unida, muy solidaria. En esos momentos se conjuntaron en México un número importante de estudiantes y profesores provenientes de Córdoba, lo que facilitó el proceso de acoplamiento a nuestra nueva realidad.
“Los argenmex compartíamos muchas vivencias”: Miguel Ángel Cuenya
¿Te integraste fácilmente en la comunidad argenmex?
Si, como señalaba anteriormente, muchos de los argentinos residentes en esos momentos en la ciudad de México provenían de la misma universidad y ciudad, algunos nos conocíamos, y compartíamos muchas vivencias.
Tras un tiempo en Tamaulipas, ¿Cómo llegas a la Universidad Autónoma de Puebla?
Seis meses después de haber llegado a México, se dio la oportunidad de trabajar como académico en la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Allí estuve entre el mes de enero de 1977 a agosto de 1978. La estancia en Ciudad Victoria facilitó el proceso de inserción en la sociedad mexicana.
En agosto de 1978 se abrió una convocatoria a concurso para cubrir una plaza de tiempo completo en el Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Puebla; examen de oposición al que me presenté e inició una nueva etapa en mi vida, pasando a residir en la ciudad de Puebla a partir de esos momentos y hasta el día de hoy.

Collage de imágenes de Raúl Dorra / Imágenes cedidas por Luisa Ruiz Moreno
“La ciudad de Puebla me impresionó”: Miguel Ángel Cuenya
Tu primera impresión de la ciudad, así como del ambiente académico e intelectual, ¿cuál fue?
Llegar a Puebla era trasladarse a una ciudad que vivía un pasado que se conjugaba con un presente mágico. Se trataba de una ciudad de tamaño mediano (unos 450 mil habitantes). Al igual que cualquier visitante quedé maravillado de una ciudad cuyos habitantes se sentían orgullosos de su devenir, de su historia, de su majestuosidad, de su carácter barroco, de su mayólica talavera que llenaba de colores sus calles y hermosas casonas.
Debo decir que me impresionó y su universidad me pareció una institución muy agradable con una trayectoria académica importante. Las autoridades universitarias nos acogieron, lo que facilitó el proceso de adaptación.
¿Se vale la comparación entre dos ciudades levíticas (Puebla y Córdoba) de matriz universitaria donde la lucha entre conservadurismo y liberalismo se libraba en los recintos universitarios, ambos de matriz jesuita?
Si bien ambas ciudades tienen una historia diferente, en el sentido de que Puebla se encuentra ubicada en el centro de la sociedad novohispana, que había desempeñado un papel de primer orden en el periodo colonial y decimonónico, mientras que Córdoba se ubicaba en el centro de un extenso territorio deshabitado y en un área colonial marginal, lo cierto es que tuvieron diversos elementos comunes a pesar de la majestuosidad de la Puebla de los Ángeles y la humildad de la Córdoba de la Nueva Andalucía.
En ambas su población era muy orgullosas de mantener una identidad propia, en muchos aspectos conservadora y clerical, al tiempo que rebelde. En este sentido podríamos decir que un cordobés se sentiría cómodo en Puebla y que un poblano se hallaría bien en Córdoba. En ambas la universidad desempeñó un papel de primer orden en el devenir histórico de ambas ciudades.
Primer número de la revista Dialéctica, julio de 1976. Para consultar ejemplares de 1976 a 1982, dar clic en este enlace.
¿Qué nombres recuerdas del exilio argentino y con quienes sostuviste mayor interacción?
Sobre el particular, podría decirte que mi interacción se estableció básicamente con aquellos coterráneos que desempeñaban actividades académicas cercanas, como Juan Carlos Grosso, Clara Kielak, Luisa Ruiz Moreno, Raúl Dorra Zech, Luis Juárez, Silvia Kiczkovsky, Osvaldo Tamaín, Oscar del Barco, Oscar Terán, César Pellegrini Ríos, Héctor Bruno, Juan Carlos Garavaglia, Horacio Plouganou, Susana Plouganou, Rodolfo Martínez, Alberto J. Pla, Marcelo Gauchat, Oscar Correas, Ana María del Gesso, Alfredo César Dachary, Marisa Filinich y Enrique Ginsberg, entre otros.
"La distancia nos permitió una reflexión más sosegada": Miguel Ángel Cuenya
¿Entiendo que no todos tuvieron en la BUAP de tiempo completo y que personajes como José Aricó, Oscar Terán o Juan Carlos Portantiero, del Grupo Pasado y Presente, tenían contacto con la universidad a través de su colega y amigo Oscar del Barco?
Efectivamente, a través de Oscar del Barco teníamos contacto con varios académicos que residían en ciudad de México, en especial con Oscar Terán y José Aricó.
¿Raúl Dorra, Juan Carlos Grosso y Oscar del Barco fueron personajes claves de este exilio argentino en Puebla?
Considero que sí, siempre fueron referencias para la mayor parte de nosotros.
Autores del exilio argentino que se vincularon a la BUAP: una pequeña recopilación de textos
¿Tu recuerdo de aquellos primeros tiempos en la UAP qué grupo específico de exiliados argentinos incluye?
Juan Carlos Grosso, Raúl Dorra, Luisa Ruiz Moreno, Osvaldo Tamaín, Clara Kielak, Marcelo Gauchat, Luis Juárez y Silvia Kizcovsky.
Tras el retorno a la democracia, ¿qué académicos regresaron a su tierra?
Recuerdo a Héctor Bruno, Alberto J. Pla y Oscar del Barco.
¿Te pasó lo que mencionaba Martín Giller en “Una temporada en el exilio” y Oscar Terán en “El pensamiento desquiciado” y “Los marxismos latinoamericanos”, es decir, que muchos “comenzaron a cuestionar las creencias, las ideas y las pasiones que habían animado a sus vidas hasta entonces"?
Es evidente que, con el paso del tiempo, el proceso de adaptación, la actividad académica centrada (en mi caso como historiador) en la historia de Puebla, mi matrimonio con una poblana, mi relación con el país de origen comenzara a establecer cierta distancia y a mirar los problemas argentinos desde fuera, lo que permitía realizar una reflexión, sin perder los principios políticos que habíamos sostenido, más serena, más razonada. Considero que es un proceso normal en la medida que los acontecimientos políticos,económicos y sociales tuvieron en Argentina un desenvolvimiento en el que uno se encontraba fuera, lo cual explica nuestra mirada externa.
En una primera reflexión, ¿cuál fue la aportación de los exiliados argentinos y de los latinoamericanos en general a la BUAP y qué queda de este legado?
Considero que es un tema que requiere mucha reflexión. Pienso que la contribución realizada por el exilio latinoamericano en los últimos 40/45 años ha sido importante en la medida que aportaron su granito de arena en el proceso de reforma que se estaba impulsando en la BUAP, en la conformación de grupos académicos en los cuales de formaron jóvenes académicos, en el aporte desinteresado por parte del exilio latinoamericano en el fortalecimiento académico e institucional de nuestra universidad.










