Una diáspora familiar: Jaime Estay y el exilio chileno en la UAP

Una diáspora familiar: Jaime Estay y el exilio chileno en la UAP

Jaime Estay

Jaime Estay Reyno es un destacada académico de la BUAP. En sus clases de licenciatura y en sus seminarios del Centro de Estudios del Desarrollo Económico y Social (CEDES) de la Facultad de Economía se han formado generaciones de estudiantes y son muchos los que recuerdan algunos de sus textos, entre los cuales destaca una recopilacion esencial coordinada por él mismo: Principios básicos de economía.

 

Pedro Vuskovic, ministro de Economía, junto al presidente Allende

El ministro de economía Pedro Vuskovic (primero a la izquierda)  junto al presidente Allende, en 1971 / Imagen; Wikipedia (CC)

 

Sus años de docencia e investigación en temas de economía politica del desarrollo, desigualdad, integración y dependencia en los mercados latinoamericanos o las alternativas a las recurrentes crisis del capltalismo se han reflejado en una profusa lista de libros y artículos.

Pero los temas que movieron su interés por la infraestructura económica de la sociedad tuvieron siempe un vínculo con su propia experiencia peronal.

 

 

Su formación de adolescente en el Chile de la Unidad Popular, el posterior exilio y acogida de su padre -José Miguel Estay Pérez, un reconocido médico psiquiatra- en la Autónoma de Puebla, así como el posterior reencuentro familiar en esta comunidad universitaria que abrió de par en par sus puertas a los exilios latinoamericanos, le dieron esta perspectiva crítica, fruto de un tiempo histórico de compromiso de transformación que él mantuvo en sus estudios sectoriales.

Los Estay son, sin duda, parte esencial de esta aportación que llegó de varias partes del continente en una constante huída de las dictaduras o los regímenes de terror que imperaron por años en muchos de estos países.

 

Patricia Estay

 

 

Desde entonces, su familia está integrada a la BUAP. Su cónyuge, Isabel Stange Espínola, es directora del Centro Clínico de Psicología de la Facultad de Psicología; mientras que su hija Verónica estudió la Licenciatura en Lingüística y Literatura Hispánica en la Institución y su hijo Andrés, la carrera de Biología, igualmente en la BUAP y ahora imparte clases en dicha unidad académica.

Su hermana, Patricia Estay Reyno es directora de la Compañía de Danza Contemporánea del Complejo Cultural Universitario y su padre, quien era psiquiatra, llegó a México en 1973 en busca de asilo y por invitación de representantes de la BUAP decidió establecerse en Puebla, para impartir clases en la Facultad de Medicina. (Jaime Estay Reyno hizo de México su patria y de Puebla su hogar, DCI, abril 2014)

 

Aunque la informacion de la cita es de 2014, el texto pone en evidencia la destacada participación de los Estay en la vida cultural y académica es otra prueba del engarce que los exiliados de la década de los setenta tuvieron con la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Y en este espacio para la memoria histórica de los que llegaron en aquellos tiempos de la Segunda Reforma Universitaria que inició el proyecto de la universidad democrática, crıtica y popular cuya primera piedra fue la elección el 10 de junio de 1972 del químico Sergio Flores como rector de la UAP

 

"MI padre fue determinante para que nos instaláramos en Puebla": Jaime Estay Reyno

 

¿Antes del golpe de Estado de septiembre de 1973, cómo era tu vida en Chile?

 

Durante el gobierno de la Unidad Popular y hasta fines del año 1972, es decir, teniendo 16 a 18 años, yo cursaba la enseñanza media superior, y tanto dentro como fuera de mi escuela, además de atender a mis obligaciones escolares mis actividades estaban fuertemente inmersas en el clima político que se vivía en el país. En el interior de la escuela recuerdo mi participación en el Centro de Alumnos, y fuera de ella mi actividad política absorbía buena parte de mi tiempo y de esa actividad se derivaban mis relaciones de amistad, mis lecturas, mis gustos musicales, etc.

Habiendo egresado de la Enseñanza Media, durante el año 1973 mantuve mi actividad política e ingresé a una carrera universitaria pocos días antes del golpe de estado

 

¿Te exiliaste inmediatamente o el proceso de huida fue más complicado?

 

Mi esposa y yo (recién casados) salimos de Chile en febrero de 1976, y por lo tanto más de dos años después del golpe. La salida fue muy apresurada, luego de haber estado detenidos casi un mes sin orden judicial ni proceso, y llegamos a Argentina donde estuvimos un año, y luego otro año en Ecuador, para llegar en 1978 a México.

 

¿Por qué razones México fue el país de acogida?

 

 Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, de Santiago de Chile

Retratos de víctimas en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, de Santiago de Chile / Imagen: Carlos Teixidor  Cadenas (Wikipedia CC)

 

La respuesta ya está en la quinta pregunta, es decir, la decisión de instalarnos en México, y en Puebla, se derivó de que aquí se encontraban mi papá, que llegó a México en 1973 después de haberse asilado en la embajada de este país en Chile y que fue invitado a trabajar en la BUAP por la Rectoría encabezada por el Quim. Sergio Flores. A ello se agregaba que mi hermana había llegado a Puebla en el año 1974.

 

¿Qué motivó la invitación de la UAP a su padre?

 

Mi papá era médico psiquiatra y al momento del golpe de estado era director del hospital psiquiátrico de Santiago de Chile, se desempeñaba como médico legista del Servicio Médico Legal del Ministerio de Justicia y era director de la Clínica Charcot. En los días siguientes al golpe de estado se asiló en la embajada de México y en diciembre de 1973 llegó al D.F., al hotel Versalles, en la calle Prim, en el cual el gobierno mexicano hospedaba a los exiliados recién llegados de Chile.

 

José Miguel Estay Pérez

José Miguel Estay Pérez en un evento con el rector Rivera Terrazas / Imagen: archivo familiar de Jaime Estay Reyno 

 

Alrededor de dos semanas después de su llegada, la rectoría de la UAP –en ese entonces el rector era el Quim. Sergio Flores– lo invitó a integrarse a la Escuela de Medicina. Impartió clases en dicha escuela, así como en la Escuela de Psicología, desarrollando además actividades como especialista en Psiquiatría en el Departamento de Consulta Externa del Hospital Universitario. Se jubiló en 1993 y falleció en septiembre de 1995

 

¿Eran muchas las diferencias entre la vida en México y la vida en Chile?

 

Eran bastantes diferencias, aunque en nuestro caso la percepción de muchas de ellas estaba atenuada por los dos años anteriores que ya llevábamos fuera de Chile, en dos países distintos, por lo cual ya había una relativa práctica de acostumbrarnos a ambientes nuevos.

Por otra parte, en Chile mismo las diferencias en la vida cotidiana eran de por sí muy grandes entre antes y después del golpe de estado. Si la comparación es entre México y el periodo septiembre 1973 - febrero 1976 en Chile, mas allá de muchas pequeñas diferencias (comida, horarios de comer, modismos en el lenguaje) que no eran importantes, una de las grandes diferencias era el ambiente de inseguridad en Chile y, en actividades cotidianas, el novedoso e intenso ritmo de actividades docentes en México.

 

¿El hecho que tu padre fuera invitado a trabajar en la UAP determinó que toda la familia terminara en Puebla?

 

Sí, el que mi padre y mi hermana estuvieran acá fue determinante para que mi esposa y yo buscáramos instalarnos en Puebla.

 

"En la UAP había un ambiente fuertemente politizado": Jaime Estay Reyno

 

¿Cuál fue tu proceso de adaptación a la realidad poblana y a la universidad?

 

Al momento de llegar a México nuestra experiencia inmediata era el año previo en Ecuador y un año anterior a ese en Argentina, así como en la dictadura chilena de septiembre de 1973 a febrero de 1976. Dado que apenas llegados a Argentina se produjo el golpe de estado de marzo de 1976, y que en el año que estuvimos en Ecuador gobernaba una junta militar, sumado a las difíciles condiciones materiales en que nos tocó vivir sobre todo en Argentina, mi adaptación a Puebla y a la Universidad se vio claramente facilitada por el cambio de situación que significaba el estar acá.

A la reunificación familiar, al contexto nacional no dictatorial, a la reanudación y culminación de mis estudios en economía y al inicio de mi actividad laboral como profesor en preparatorias y en el entonces Departamento de Idiomas de la Universidad, se agregaba el ambiente solidario hacia los exiliados por parte de la Universidad en general, y en particular en la hoy Facultad de Economía y en los espacios en que comencé a impartir clases.

 

Marcha de estudiantes de la Autónoma de Puebla en la década de 1970

Marcha de estudiantes de la Autónoma de Puebla en la década de 1970 / Imagen: AHU

 

Todo lo anterior, que implicó una adaptación a partir de una situación personal favorable, se acompañó además de una inserción a Puebla “mediada” por el ambiente universitario en que me fui desenvolviendo, el cual era notoriamente más abierto y progresista que el que existía en otros espacios de la sociedad poblana. 

En suma, y mas allá de momentos de nostalgia y de algunos esfuerzos para conocer y asumir cosas nuevas, mi proceso de adaptación a Puebla y a la Universidad no sólo no fue difícil, sino que incluso fue bastante rápido y enfrentado con una buena disposición.

 

También diste clase en las preparatorias Benito Juárez García y Emiliano Zapata. ¿Cuáles son tus recuerdos de la Autónoma de Puebla en aquellos tiempos tan politizados y, a la vez, tan esperanzados?

 

En mi recuerdo de aquellos tiempos de la universidad prevalecen claramente los elementos positivos, por sobre los aspectos negativos que sin duda también existieron, y en ese recuerdo confluyen mis actividades como alumno en la hoy Facultad de Economía y como profesor de preparatorias y del entonces Departamento de Idiomas.

Desde luego era un ambiente universitario fuertemente politizado lo que no me resultaba incómodo, e incluso me resultaba motivante, considerando la relativa semejanza con el ambiente académico en Chile previo al golpe de estado, no sólo por la alta politización, sino también por las perspectivas ideológicas y de definición política general de los espacios en los que me desenvolví en ambos casos, e incluso por las semejanzas en los marcos teóricos referidos a la disciplina económica a los que me adscribía.

 

"Los chilenos en la UAP éramos un grupo heterogéneo": Jaime Estay Reyno

 

¿Existía ya un grupo de exiliados chilenos fuerte y asentado en la UAP así como en algunas facultades o institutos? Pienso en Clara Angélica Ureta Calderón, por ejemplo, en Dino Ñeco o Hugo Duarte Márquez. ¿Qué resaltarías de todos ellos y qué nombres merecen ser recuperados en la memoria histórica de la BUAP y los exiliados?

 

En efecto, en la universidad había un grupo fuerte de exiliados chilenos que ya estaban cuando llegamos mi esposa y yo –en el segundo trimestre de 1978– y a él se agregaron otros en los años inmediatos posteriores. Si bien en algunos casos había dos o tres exiliados chilenos en el mismo espacio académico, en general los espacios eran diversos, debido a la distinta formación profesional de los exiliados. 

El balance global de la actividad de los exiliados chilenos en la universidad a mi juicio es claramente positivo, con diversos aportes a las actividades de docencia e investigación en las facultades e institutos en los que se desenvolvieron y en algunos casos con su participación en actividades políticas y sindicales en la institución.

 

 

Bjorn Holmgren, Ruth Urbá y Alfredo Toro

Bjorn Holmgren, Ruth Urbá y Alfredo Toro, tres destacados científicos chilenos que trabajaron en la BUAP / Imagen: cortesía de la Universidad de Valparaíso

 

A los tres nombres que se mencionan en la pregunta, agregaría los de Bjorn Holmgren y Ruth Urbá, quienes participaron en la creación del que hoy es el Instituto de Fisiología de la BUAP, José Suarez Donoso en la Facultad de Derecho, Favio Rodríguez en la Facultad de Administración, la historiadora Nora Gatica, así como mi padre (Miguel Estay) en la Facultad de Medicina, mi hermana (Patricia Estay) en el área de danza contemporánea y mi esposa (Isabel Stange) en psicología.

 

¿Formaban los chilenos una comunidad dentro de la UAP o cada cuál siguió su propio camino?

 

Si bien los chilenos en la UAP éramos un grupo heterogéneo no sólo en relación a la formación profesional y los lugares de trabajo en la Universidad, sino también en relación a la militancia política previa, durante los años setenta y ochenta teníamos contacto regular entre nosotros y nos reuníamos en número variable para distintas actividades, como eran la celebración de las fiestas patrias (el 18”de septiembre), actividades de solidaridad con Chile en Puebla (y en Ciudad de México, convocadas por la Casa de Chile en México), de discusión y difusión de la situación chilena, e incluso actividades de solidaridad con otros países, en particular los centroamericanos.

 

¿Una vez te insertaste en la Facultad de Economía qué rumbo tomó tu trabajo e investigaciones?

 

Mi inserción inicial en la Facultad de Economía fue al poco tiempo de llegar a México, como alumno para concluir las materias de la licenciatura, luego de lo cual hice la maestría y el doctorado en la UNAM; una vez terminadas las materias del doctorado me reintegré a la UAP, creando el Programa de Estudios de Economía Internacional que dependía de la actual VIEP, y desde el año 1994 me incorporé por completo a la Facultad de Economía, en la cual ya desde hace algunos años venía impartiendo cursos.

Desde la elaboración de la tesis de ticenciatura en la Facultad de Economía, comencé a dedicarme al área de la economía internacional y a la inserción de América Latina en dicha economía, lo cual se reafirmó con mis tesis de posgrado y se mantuvo desde entonces y hasta la fecha como eje de mis actividades de docencia e investigación en la facultad.

 

¿Las enseñanzas, conocimientos e investigaciones desarrolladas en el Chile de la Unidad Popular se vieron reflejadas en la Facultad de Economía de la UAP?

 

Considero que sí. Durante el gobierno de la Unidad Popular hubo en Chile una importante producción intelectual en el campo de las ciencias sociales, incluyendo la economía. Además de distintos autores individuales o colectivos que participaron en dicha producción, hubo dos espacios importantes que aportaron a ella: por una parte la CEPAL, organismo de las Naciones Unidas creado en 1948 y que tenía su sede en Santiago y, por otra parte el Centro de Estudios Socioeconómicos (CESO) de la Universidad de Chile, creado en 1965, el cual fue el eje desde el cual se generó la llamada “teoría de la dependencia”, con aportes importantes no sólo de chilenos sino también de intelectuales brasileños que por el golpe militar de 1964 en Brasil, se habían exiliado en Chile.

 

Cartel elaborado en la Escuela Popular de Artes de la Autónoma de Puebla

Cartel elaborado en la Escuela Popular de Artes de la Autónoma de Puebla (1973-1975) / Imagen: archivo personal de Marco Antonio Durán (VEDC)

 

A los análisis generados desde esos dos espacios –antes y durante el Gobierno de la Unidad Popular– acerca de América Latina y el Caribe y en relación a la inserción de la región en el mundo, en el caso sobre todo de los “dependentistas” durante el periodo 1970-73 se agregaron análisis sobre el proceso chileno, y en varios casos una activa militancia política en dicho proceso.

Esas distintas formulaciones generadas desde Chile, y principalmente las de la “teoría de la dependencia”, tuvieron una clara presencia en la Facultad de Economía de la BUAP, no sólo a través de los textos producidos en esos años, sino también con textos posteriores de esos autores, a lo que se agrega la presencia de varios de ellos en México –sobre todo de los ubicados en la llamada “corriente marxista de la dependencia”, como Rui Mauro Marini, Vania Bambirra, Theotonio dos Santos y Orlando Caputo– y principalmente en la UNAM, luego de exiliarse por el golpe de estado de septiembre de 1973.

 

"Los exilios latinoamericanos aportaron una mayor diversidad a la BUAP": Jaime Estay Reyno

 

¿Tu integración a México fue completa o te venció, a veces, la nostalgia y las ganas de volver a tu tierra natal?

 

Desde luego, hubo momentos de nostalgia sobre todo en los primeros años, pero considero que mi integración fue completa.

 

¿Cuál es tu opinión sobre las aportaciones y los legados que los exilios latinoamericanos dejaron en la BUAP? ¿En la propia evolución y consolidación de la BUAP como proyecto educativo fue esencial el papel de estos exilios?

 

Considero que los exilios latinoamericanos dejaron aportes y legados positivos en la Universidad. En muchos casos –que no era el mío, que llegué a la UAP recién a completar mis estudios de economía–, eran académicos que ya poseían trayectorias relevantes en sus respectivas disciplinas y que por ello pudieron apoyar de manera importante al desarrollo de sus facultades e institutos, contribuyendo a ese nivel al avance del proyecto educativo de la institución, incluyendo algunos casos, por esos años, en que dicho desarrollo era todavía incipiente o en que se trataba de espacios académicos apenas en construcción.

 

Alumnas saliendo de la Librería Universitaria Pedro Enríquez Ureña, ubicada en Ciudad Universitaria, en el año de 1986 / Imagen: VEDC

 

En otro sentido, menos tangible, la inserción en la BUAP de los exilios latinoamericanos creo que le aportó positivamente a la institución una mayor diversidad, abriendo paso en ella no sólo a otras experiencias y prácticas docentes y de investigación, sino también a experiencias políticas, culturales y de vida diferentes.

En un tercer sentido, el amplio apoyo que la Universidad entregó a los exilios latinoamericanos, que significó abrir sus puertas para que se insertaran en la vida universitaria, creo que permitió consolidar a la solidaridad como principio ético de la institución, no sólo en el ámbito de las autoridades sino en el conjunto de la comunidad universitaria.

Más allá de la relativa coincidencia ideológica que puede identificarse entre por una parte los exiliados y, por otra parte, las corrientes y grupos que predominaban en la universidad, ese principio ético de solidaridad se aplicó de manera irrestricta hacia un grupo de personas que huían de la represión de las dictaduras militares del Cono Sur, y con seguridad que ello pasó a formar parte no sólo de la experiencia personal de los trabajadores universitarios de aquel entonces, sino también de los valores que los estudiantes de la época recogieron de su vida universitaria.